Desde sus inicios, la fotografía ha funcionado como un arma de doble filo, especialmente en lo que respecta a sujetos y grupos subalternos. Ha sido una herramienta que ha permitido la autorrepresentación y, de ese modo, ha alimentado procesos de emancipación; pero también ha sido un instrumento de identificación y patologización al servicio de Estados e instituciones represivas.
En el caso de las lesbianas en las sociedades occidentales, durante gran parte del siglo XX y en las escasas situaciones en que la fotografía tuvo lugar, esta fue, sobre todo, un instrumento al servicio de miradas externas que las quisieron controlar y definir según sus propias visiones. Las lesbianas apenas han podido autorrepresentarse, disociadas de su imagen social, y prácticamente invisibles e invisibilizadas hasta finales de siglo.
En el Estado español, el régimen franquista contribuyó enormemente a esta invisibilización, dejando un lastre incluso tras su final. Sin embargo, a partir de la llamada Transición, con los primeros grupos activistas lésbico-feministas, se inició un proceso de transformación de esa condición de invisibilidad que incluyó gestos de autorrepresentación; ya no solo en espacios privados —pisos o «bares de timbre»—, sino, por primera vez, en el espacio público.
Hoy, esos registros, dispersos en álbumes, cajas o cajones, son vestigios de un pasado lésbico apenas reconocido: un archivo del trauma y de la memoria que permite reconstruir genealogías, así como elaborar contraimágenes frente a una ausencia histórica. “El punto muerto del espejo retrovisor” se centra en estas fotografías: objetos complejos atravesados por deseos de emancipación y, a la vez, acechados por un pasado y un presente de opacidades y representaciones externas. A partir de la recopilación y análisis de ese contraarchivo, esta investigación se enfoca en su producción y efecto, tanto en su momento original como en la actualidad, para las nuevas generaciones de lesbianas y disidentes sexuales en su búsqueda de referentes, de un pasado y una historia propios.
Catarina Botelho: soy artista visual e investigadora, y me interesan las relaciones entre espacios, lugares, arquitecturas y sus usos y experiencias que desafían las lógicas productivistas, en el espacio urbano. En los últimos años, he estado investigando sobre las (auto)representaciones fotográficas de lesbianas en el espacio publico, entre la transición y el inicio del siglo XXI. He expuesto en lugares como: el Museu de Arte, Arquitetura e Tecnologia, Lisboa (2021); la Fundación Foto Colectania, Barcelona (2020); Sesc Pinheiros, São Paulo (2015); Villa Iris, Fundación Botín, Santander (2014); Elba Benítez en Kvadrat, Madrid (2012); el Centre de Cultura Sa Nostra, Palma de Mallorca (2009); Casa de Serralves – Fundação de Serralves, Oporto (2007); La Casa Encendida, Madrid (2005). En los últimos años he recibido becas de, entre otros, la Fundación ”la Caixa” (2018), del Ayuntamiento de Barcelona (2021 y 2023), Generalitat de Cataluña (2022), Barcelona Produció- Capella (2023/2024) o Matadero/Escocesa (2024). Soy licenciada en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Lisboa; en 2018 realicé el Programa de Estudios Independientes (PEI) del MACBA, y en 2022 finalicé el MUECA – Máster de Estudios Culturales y Artes Visuales (perspectivas feministas y cuir/queer) de la Universidad Miguel Hernández. Actualmente soy doctoranda en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona.

